B

Bawitools
Blog
  • copias de seguridad
  • archivos
  • seguridad

Tener los archivos en la nube no es tener una copia de seguridad

La sincronización y el respaldo parecen lo mismo y hacen cosas opuestas. La diferencia se entiende el día que borras algo por error, y entonces ya es tarde.

Por BawiTools5 min de lectura

Tienes tus documentos en Drive, las fotos en iCloud y el trabajo en Dropbox. Todo sincronizado en varios dispositivos. La sensación es de estar cubierto.

Borras una carpeta por error. Abres la nube para recuperarla y ahí tampoco está: se sincronizó el borrado.

Ahí es donde la diferencia entre sincronizar y respaldar deja de ser teórica.

Sincronizar y respaldar son opuestos

Sincronizar significa que todas las copias reflejan el mismo estado. Es su propósito: cambias algo en un sitio y aparece cambiado en todos. Eso incluye los borrados, las sobrescrituras y los archivos que un programa dañó al guardar.

Respaldar significa guardar el estado anterior, aislado de lo que pase después. Un respaldo tiene que ser inmune a lo que le ocurra al original.

Un servicio de sincronización propaga tus errores a la velocidad de tu conexión. No es un defecto: hace exactamente lo que promete.

Es cierto que casi todos tienen papelera con retención —treinta días es lo habitual— y algunos guardan versiones anteriores. Eso salva muchos accidentes, y conviene saber usarlo. Pero es una red de seguridad limitada en tiempo y alcance, no un sistema de respaldo. Un archivo dañado hace ocho meses que nadie abrió ya no se recupera.

La regla 3-2-1

Viene del mundo profesional y sigue siendo el mejor resumen que existe:

  • 3 copias de los datos
  • en 2 soportes distintos
  • con 1 fuera de casa

El original cuenta como una de las tres.

Cada número resuelve un fallo concreto. Tres copias cubre que una se estropee. Dos soportes cubre que falle un tipo entero: si todo está en discos duros del mismo modelo comprados el mismo día, un defecto de fábrica se los lleva a la vez. Una fuera cubre lo que afecta al lugar: incendio, inundación, robo.

Ese último punto es el que más se salta y el que más duele. Un disco externo en el cajón de al lado del ordenador no protege del robo del portátil ni del incendio.

Contra qué te proteges realmente

Merece la pena tenerlo explícito, porque cada amenaza pide una defensa distinta:

Qué pasa Qué te salva
Se rompe el disco Cualquier copia
Borras algo sin querer Copia con historial, no sincronización
Ransomware cifra tus archivos Copia desconectada o con versiones
Robo o incendio Copia fuera de casa
Un programa corrompe un archivo Copia con versiones antiguas
Cierra tu proveedor de nube Copia local

Fíjate en el ransomware. Es el caso donde la sincronización juega en contra: cifra tus archivos, la sincronización sube los archivos cifrados, y en minutos la nube también está comprometida. Por eso importa que al menos una copia esté desconectada o tenga versionado real que el atacante no pueda borrar.

Un plan que se puede mantener

El mejor sistema de copias no es el más sofisticado: es el que sigue funcionando dentro de dos años sin que tengas que acordarte.

Copia 1 — tu dispositivo. El original.

Copia 2 — un disco externo, automática. Time Machine en Mac, Historial de archivos en Windows, o cualquier herramienta que corra sola. Lo importante es que sea automática: una copia que depende de tu memoria acaba teniendo meses de antigüedad.

Copia 3 — fuera de casa. Un servicio de respaldo en la nube (distinto de la sincronización), o un segundo disco que vive en otro sitio y traes a casa una vez al mes.

Para la mayoría, con esto basta. Lo que no sirve es tener tres copias en el mismo ordenador.

La parte que casi nadie hace

Una copia que no has probado a restaurar no es una copia.

Es la lección más repetida y más ignorada del oficio. Los discos de respaldo se llenan, los programas fallan en silencio, las carpetas se dejan de incluir tras una reinstalación, la contraseña de cifrado se olvida. Todo eso se descubre el día que necesitas restaurar, que es el peor momento posible.

Dos veces al año, coge un archivo cualquiera de tu copia e intenta abrirlo desde ahí. Diez minutos. Es lo que separa tener copias de creer que las tienes.

Qué merece la pena guardar

No todo tiene el mismo valor, y ordenarlo por importancia hace el plan más llevadero:

Irreemplazable: fotos y vídeos personales, documentos escaneados, trabajo propio, correspondencia. Si esto se pierde, no hay forma de recuperarlo.

Costoso de rehacer: configuraciones, proyectos en curso, bibliotecas organizadas durante años.

Reemplazable: aplicaciones, películas y música compradas, cualquier cosa que se pueda volver a descargar.

Lo irreemplazable merece las tres copias. Lo reemplazable puede quedarse en una.

Si cifras, cuida la llave

Una copia en la nube o en un disco que sale de casa debería ir cifrada, sobre todo si contiene documentos personales.

Pero eso añade una dependencia nueva: si pierdes la contraseña, la copia es basura. No hay soporte técnico que la abra, y ese es justamente el punto del cifrado.

Guarda esa contraseña en un sitio distinto de la copia, y donde puedas encontrarla dentro de tres años.

El resumen

Sincronizar es comodidad. Respaldar es seguro.

Los dos son útiles y no se sustituyen. Si hoy solo tienes sincronización, el paso que más rinde con menos esfuerzo es sencillo: un disco externo con copia automática. Con eso pasas de una copia a dos y de cero historial a poder volver atrás.

El resto se puede ir montando con calma. Lo importante es no descubrir el hueco el día que ya no hay nada que recuperar.

Comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario